
Hay ciudades que se miden en cifras, y hay ciudades que se miden en latidos. Medellín siempre ha sido las dos cosas. Un territorio que duele, que sueña, que resiste y que se reinventa desde la gente.
Hoy, con el informe Medellín Cómo Vamos 2025, confirmamos algo muy importante que hacía falta: la ciudad volvió a creer en sí misma.
Cuando una ciudad respira esperanza
El dato que más me conmovió no es un número; es lo que significa: el 63 % de los ciudadanos siente que Medellín va por buen camino.
No es solo optimismo. Es alivio. Es confianza reconstruida.
Es una ciudad que después de años difíciles vuelve a levantar la mirada.
Y 8 de cada 10 personas están orgullosas de Medellín.
El orgullo, esa fuerza silenciosa que hace que las mamás duren 40 minutos haciendo una fila por un cupo escolar, que las cuidadoras madruguen, que los niños y niñas sigan soñando con estudiar en la universidad pública. Ese orgullo también habla de quienes somos.
Los avances que transforman la vida
Los datos más importantes son los que tocan la mesa de un hogar, el plato de un niño y una niña, la tranquilidad de una mamá:
El hambre bajó del 28 % al 19 %.
Eso significa más niñas y niños comiendo tres veces al día, más familias respirando con tranquilidad.
La pobreza cayó del 27 % al 22 % y la clase media subió del 48 % al 54 %.
Son hogares que pasaron de la angustia a la estabilidad.
El turismo, la cultura y la creatividad crecieron, pero lo más valioso es que
67 % más de personas volvieron a habitar Medellín con alegría: conciertos, bibliotecas, museos, parques. La ciudad volvió a sentirse viva.
Una ciudad mejora cuando las familias mejoran. Cuando los niños y las niñas pueden crecer sin hambre. Cuando los adolescentes sienten que tienen futuro.
Por eso estos avances importan tanto para quienes trabajamos desde la economía del cuidado y la protección de la niñez.
Volver a mirar hacia adentro
Medellín Cómo Vamos confirma que la ciudad avanza, sí. Pero también nos recuerda un mensaje profundo: la verdadera transformación ocurre dentro de los hogares. No solo en las grandes avenidas; ocurre en la sala donde una mamá revisa tareas, en el comedor donde una abuela reparte el almuerzo, en la habitación donde un niño estudia con amor.
Por eso la política pública de cuidado es tan urgente. Porque no hay ciudad justa si quienes cuidan viven agotados. No hay ciudad segura si la niñez no está protegida. No hay ciudad que prospere si las mujeres siguen cargando solas con el peso de la vida cotidiana.
Una ciudad que vuelve a confiar
El informe también mostró que la confianza en el manejo de los recursos públicos casi se duplicó:
de 23 % a 43 %. Eso no es un dato frío; es ciudadanía diciendo: “sí creo”. Y cuando una ciudad cree, avanza.
Lo que nos corresponde ahora
Medellín está mejor. Los datos lo dicen, pero lo más importante es que la gente lo siente. Y aquí, desde mi curul, desde mi compromiso con la niñez, con las mujeres, con las madres lactantes, con las cuidadoras y con los jóvenes que sueñan con liderar, reafirmo algo:
Seguiremos trabajando para que esta Medellín que vuelve a confiar, que vuelve a cuidarse, que vuelve a caminar con esperanza, sea una ciudad que nadie deje atrás.
Porque una ciudad se construye, con datos, sí, pero sobre todo con afecto, con verdad y con responsabilidad.
— Camila Gaviria
Concejala de Medellín

